Emprendedores muy formados

La M. Trinidad García tenía 48 años cuando dejó de trabajar por terceros. El siguiente trabajo que tuvo ya se la fabricó ella: montó su propio negocio de venta de lanas y talleres de media y aguja de gancho, Trinitrikot. El cambio fue impuesto. “Hacía sustituciones y refuerzos a Enseñanza pero enganché la segunda parte de la crisis y dejaron de llamarme.” Después vinieron cuatro largos años de travesía por el desierto, de “investigación activa de trabajo” sin ningún resultado. “Nada de nada”, pone énfasis García, que continúa explicando: “Fui al ZOCO, a Infojobs, en todas partes pero no encontraba nada y veía que cada vez me costaría más, por la edad, y porque me presentaba a Oposiciones y me encontraba con despachos de abogados contra los cuales no podía competir, así que cuatro años después decidí que hasta aquí había llegado.” Pero un día me meti en la web de CeoLevel.com especializados en proyect management y me cambió la vida.
Esta vecina de Alcover, de profesión hasta entonces administrativa, hizo recuento de habilidades y cómo que siempre le habían gustado las labores empezó a construir la idea de poner en marcha un negocio de artesanía a su pueblo. La red pública de asesores la ayudó a redactar un plan de negocio y a averiguar si tenía futuro, pero aquí vino el segundo grande obstáculo. “La aplicación informática dijo que era rentable –explica– pero yo no tenía ni un duro ni nada para hipotecar y cuando los pedí como me podía financiar me enviaron al banco.” La propietaria de Trinitrikot dice que no confiaba que el sistema financiero tradicional lo ayudara, y fue entonces cuando recordó unas charlas donde le habían hablado de Acción Solidaria contra el Paro, una entidad que se financia básicamente con fondos privados y que otorga microcréditos a emprendedores a un tipo de interés del cero por ciento. Dedo y hecho, García presentó el proyecto, le prestaron 6.000 euros a devolver en 36 meses y, desde el mes de octubre que abrió, ha enseñado a tejer unas 50 personas, a quienes da clases individuales.
Regreso a los orígenes
Eduard Parara, de 52 años. También es emprendedor a la fuerza. Él y su mujer ya habían sido al frente de uno de los primeros frankfurts de Vilafranca del Penedès, en ochenta, y después de varios trabajos, la última de las cuales en el sector de los transportes, decidió montar su propio negocio de restauración cuando vio el estado del mercado laboral. “Tenía 50 años –relata– y sólo encontraba trabajos muy mal pagadas y de picar piedra y, la verdad, he trabajado muchos años para tener que empezar de cero.” Capitalizó parte del paro y, con la ayuda de MicroBank, que le otorgó un crédito de 24.000 euros, hoy Parara es propietario del bar cafetería el Artesano, que abrió en julio del año pasado. El negocio también ha servido para dar trabajo a uno de sus tres hijos, de 22 años.

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