La aplicación Uber desata la polémica en el gremio de los taxistas

¿Quién no ha oído últimamente noticias sobre esta cuestionada app de alquiler de coches particulares? Amada y odiada a partes iguales Uber ha venido para quedarse, pero también para poner en pie de guerra a un gremio, el de los taxistas, que ve en esta práctica ejemplo del libremercado, no sólo una intrusión ilícita, sino un nido de inseguridad ciudadana.

Qué es Uber y por qué su éxito

Uber consiste en una aplicación móvil por la cual entras en contacto con usuarios que ejercen de “taxistas”. La app reconoce tu localización mediante el GPS y la ofrece a otros usuarios que, tras rastrearte, aceptan el pedido y acuden a tu búsqueda con la finalidad de llevarte a donde les indiques.

Esta idea nace de la yuxtaposición de tres claves: el auge de la economía colaborativa, la guerra de los mercados ante la crisis y la burbuja de las apps. La suma de estas tres fórmulas convierten a Uber en todo un éxito entre el público pero también en detonante de un modelo calificado como insostenible y a la sombra de otros inventos igual de cuestionados como Blablacar.

El intrusismo laboral: clave en la polémica

Toda actividad o práctica laboral debe quedar registrada de alguna forma, ya sea mediante la obtención de un título, la declaración de bienes, adquisición de licencia etc. De esta forma no sólo se obtiene garantías sobre el trabajo realizado, sino que se protege el ámbito laboral evitando el intrusismo y un libremercadeo que lejos del bien común y de la economía colaborativa sostenible, va a favor de los intereses privados de aquellos que no se encuentran en condiciones de competir laboralmente.

“El conflicto desatado entre taxistas y usuarios de Uber va más allá de las prácticas ilícitas de la empresa estadounidense, involucrando gobiernos en la pugna”

Es el caso de todo aquel que ejerce de “taxista” no sólo sin licencia, sino con la creencia de tener autoridad y estar capacitado para realizar un trabajo correctamente sin haber tenido práctica ni formación en ello.

Es fácil pensar en que cualquiera puede conducir un coche y transportar a otras personas, pero de igual forma que es igual de fácil pensar que cualquiera puede pintar una casa o cambiar un grifo. En distintas escalas pero todo lo que suponga desarrollar una actividad para la cual no estamos licitados, supone no sólo exponernos a un trabajo chapucero, sino poner en peligro un entramado laboral por el cual tanto hemos protestado por proteger.

La falta de regularización como máxima negativa

¿Cuánto diríais que cuestan 100 metros de recorrido?, ¿Cuánto llevar a dos o tres personas?, ¿Qué ocurre si no estoy conforme con el servicio?, ¿A quién reclamo? Estas son cuestiones que son muy difíciles de contestar y que servicios como Uber han puesto sobre la mesa.

Sin una justa regulación no sólo pierde la competencia, sino el cliente e incluso el que oferta el servicio, ya que ninguna de las partes se asegura un correcto desempeño de la actividad: se conocen las reglas del juego, pero no como éste acabará.

Por otro parte Uber trae consigo inherente otro problema mucho más grave: el anonimato. Pese a que todo usuario de la aplicación se debe registrar, a la hora de hacer uso del programa no sabremos a quién nos exponemos. Vale que tampoco en un taxi, pero éste nos da la garantía de que desempeña una labor comercial y que por tanto va inherente en su conducta el proteger su actividad y reputación, en cambio en Uber nos ponemos en manos de usuarios anónimos que buscan ingresos extras sin saber con qué finalidad.

Una inversión de futuro

La excusa más esbozada por los usuarios de Uber es que una licencia de taxi resulta demasiado cara como para tramitarla. No obstante, existen planes de financiación y préstamos para licencia de taxi que facilitan enormemente la gestión y nos permiten obtener desde ya los permisos adecuados y en condiciones tan ventajosas como la de no necesitar aval.

 “Una licencia de taxi se amortiza mucho más rápido y seguro que una franquicia o cualquier otro puesto de autónomo”

Esta excusa se desmonta en el momento en el que nos planteamos que hoy día, acceder a un puesto en el mercado laboral conlleva unos gastos implícitos como los estudios, desplazamientos y dietas, sin garantías de que este se obtenga y sin la perspectiva de que este dure hasta la jubilación, puntos que quedan cubiertos con la licencia de taxis.

Por estas razones, tanto si te planteas ejercer de taxista, como si cuestionas la labor de estos trabajadores, los parches como Uber más que beneficiar a la sociedad, buscan “trampearla” con modelos económicos que lejos de dibujar una nueva realidad colaborativa, empeoran el tejido social.

About the author  ⁄ Markos Goikolea

Licenciado en Comunicación Audiovisual y creador de la agencia de marketing de contenidos Parque de Atracción.

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